Cuatro escenas, un mismo impulso: aprender, jugar y celebrar el teatro

El 27 de marzo siempre nos recuerda qué tiene de bueno el teatro: porque nos gusta emocionarnos, pensar, reírnos un poco de nosotros mismos y, sobre todo, compartir un espacio vivo. Este año, los alumnos, alumnas y profesoras de la Escuela de Teatro Dinámica Teatral celebran el Día Mundial del Teatro con una muestra que recorre las calles del barrio de Sala negra con cuatro universos muy distintos —Lorca, Shakespeare, Lope y Helenapero que, puestos juntos, parecen una sola pieza.

Son escenas muy diferentes, sí, pero todos tienen algo en común: el compromiso, la entrega y las ganas de jugar de quienes los han preparado con mucho cariño. Y eso, al final, es lo que hace que el teatro siga siendo teatro.

Lorca: del murmullo al grito

El primer grupo se mete de lleno en Yerma y Bodas de sangre. Las lavanderas, los leñadores y el monólogo de Yerma forman un pequeño viaje lorquiano: del rumor del pueblo a la voz íntima que se rompe. 

Shakespeare: el teatro que se mira al espejo

El segundo grupo se enfrenta al diálogo entre Hamlet y los cómicos, que es Shakespeare diciéndonos cómo se debe actuar… pero en boca de un personaje que tampoco está muy bien de la cabeza. Naturalidad, medida, escucha, ironía. Teatro dentro del teatro. 

Lope: el orgullo de ser comediantes

El tercer grupo recupera la Loa de Lope de Vega, ese prólogo festivo que abría las funciones del Siglo de Oro. Aquí el verso se convierte en acertijo, en humor y en homenaje al actor como “monstruo fiero” capaz de serlo todo. Han trabajado ritmo, complicidad con el público y esa alegría del teatro popular que nunca pasa de moda.

Helena: la mujer que reclama su historia

Y el cuarto grupo trae un texto contemporáneo donde Helena —sí, la de Troya, la de Esparta, la de todos— decide contarse a sí misma. Una Helena que desmonta su mito, que se ríe de los héroes, que discute con los dioses y que habla de amor, culpa, poder y memoria sin pedir permiso. 

Cuatro escenas, una misma escuela

Son escenas distintas, autores distintos, épocas distintas, direcciones distintas y recorridos distintos… pero todas juntas muestran lo que más nos importa: que el teatro se aprende haciéndolo, escuchándolo, equivocándose, probando, repitiendo y celebrándolo. El trabajo de estos grupos —y de sus profesoras— es un recordatorio de que el teatro sigue vivo porque hay gente que lo hace vivir.

En este Día Mundial del Teatro, ellos y ellas levantan la palabra, el cuerpo y la emoción. Y nosotros tenemos la suerte de acompañarlos.

Alejandro Ramonda

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